sábado, 9 de octubre de 2010

Pitufando mis pitufines

Estaba tranquilamente afeitándome para una cita cuando oí un golpe muy fuerte en el comedor. Lo primero que me vino a la cabeza es que la había espichado mi abuela. Luego caí en la cuenta de que estaba solo en casa. Cogí lo primero que tenía a mano, osease un bote de desodorante en spray dispuesto a perfumarle los ojos a cualquiera que se hubiese colado en mi casa, en plan "tengo un AXE, defiendete", y fuí sigilosamente hacía mi acechor.

Cuando llegué a él no pude menos que sorprenderme

- ¡Me cagüen Dios! Si eres Papa Pitufo
- Eh, más respeto que soy un ser mágico muy poderoso.
- Claro medio metro, claro.
- Je, si supieras la de veces que he tenido que oirlo. Por cierto, ¿te podrías cubrir un poco? Es que te veo la seta...
- Ah, sí, disculpa.

Cojo un cojín y lo uso a modo de taparrabos protector. La parte trasera está descubierta, pero casi mejor porque estoy cagandome de miedo, aunque por fuera apenas se nota.

- Y dime, ¿que haces en mi salón?
- Pues nada, que me he metido en MiMesaCojea.com, he visto las entrevistas que había realizado y me he dicho que yo no iba a ser menos.
- ¿Y por que no se lo has pedido a él?
- Porque me ha dicho que no estoy a su altura. Y entonces he pensado que tal vez una mierdecilla de blog como este tal vez quería hacerme alguna preguntilla, por eso de haber salido en la tele y tal...
- Ah...

(Silencio incomodo)
- Pues la verdad es que no tengo nada que preguntarte, apenas veía tu serie de chico.
-... ¿Ni una sola pregunta? Por favor
- Esta bien. Ehhhh... ¿cuanto te mide el pito?
- Puto pervertido, mejor me voy a Cosas de Humor que ahí al menos tienen gracia.

Desaparece en una pequeña explosión dejando tras de sí una nube vaporosa.

- Pero si... yo.... Dios, como me ponía Pitufina.

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